dimarts, 4 de desembre de 2012

La experiencia de vivir, al menos por un tiempo corto, en una ciudad me hace dar cuenta de las grandes diferencias de muchos aspectos de vida entre niños que se crecen en una zona urbana y ellos que viven en una zona diferente. Observando el área donde estos pequeños niños jugaban me hice pensar en mi niñez, la mayoría de que pasé afuera en zonas con mucha naturaleza, como las playas o campos montañosas. Se nota que en Barcelona, aunque hay muchas parques grandes y áreas preservadas, no son tan accesibles como en mi pueblo.

La sala donde juegan los niños era completamente insulso. Aunque entendí que es dificil preservar las colores en una sala de niños inquietos, me hace desgusto que ellos jueguen entre paredes completamente sin color. No sé si eso es típico en zonas urbanas, pero recuerdo que mi escuela de infancia de mi pueblo siempre era llena de colores por cualquier parte. Además, el muro en la zona afuera también era blanco, y me da la impresión de una oportunidad no aprovechada de meter un poco de gusto en un edificio que parece una institución desafectada que un escpacio de gusto e imaginación de niños.

Sin embargo, el hecho que la escuela esta diseñada de un modo diferente a que yo era acostumbrado no significa que es inferior; creo que se trata de preferencia. Vi progreso, aún: la escuela no tenía césped, que exigiría tanto agua y no suena bien para planes urbanos de conservar los recursos.