dimecres, 21 de novembre de 2012

La acera sonámbula y verdadera


        Desde hace más de 7 años vivo en el passatge Marimón, una pequeña calle que comunica por un lado con Travessera de Gràcia y por el otro con la Avinguda Diagonal. No hace falta decir que he recorrido incontables veces el trayecto que separa mi casa de la parada del tranvía que está en la plaza Francesc Macià y que me lleva a la ETSAB, y otro tanto puedo decir de la distancia que separa mi casa de la estación de metro más cercana, la de Paseo de Gracia. Así que me hizo mucha gracia cuando el otro día leí esta reflexión que escribe Enrique Vila-Matas sobre un curioso hecho que he podido constatar después de todos estos años, y que sucede en este tramo de la Diagonal que va de Francesc Macià a Paseo de Gracia.




He encontrado alguna imágen de los edificios desaparecidos o reconvertidos que se enumeran en el texto. Muchos de estos cambios quedan lejos en el tiempo, pero otros los hemos podido ver no hace tanto. El último es el cierre de la líbrería Áncora y Delfín, que llevaba abierta desde 1956 y que cerró hace unos meses.


Sears Diagonal



Hueco dejado por el Sears.........
.........y ocupado por El Corte Inglés


Antiguos cines Windsor
Palau Robert, en la esquina de Paseo de Gracia con Diagonal




Buscando un poco más por internet he encontrado la réplica a este texto que este verano hace el mismo Vila-Matas, donde recuenta las últimas transformaciones acontecidas desde entonces, y reflexiona sobre las que están por venir (con el proyecto del Tram). Aparece publicada en 
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/28/actualidad/1343483087_301857.html
La reproduzco aquí:


"Un farol sobre la Diagonal

    Recuerdo que, a finales del siglo pasado, al interesarme de pronto por la avenida Diagonal (por el tramo entre Macià y paseo de Gràcia), traté de descifrar un viejo enigma: por qué la acera del lado montaña era mucho más viva y atractiva y había tenido desde siempre muchos más paseantes que la sombría acera del lado mar, a la que la mayoría de barceloneses vio siempre como sonámbula y maldita.
Intenté resolver el misterio recorriendo de noche con una luz de farol la dos aceras, es decir, utilizando el método de Ramón Gómez de la Serna en su visita nocturna al museo del Prado, donde fue descubriendo a farolazos los cuadros allí expuestos. Pero finalmente, supongo que a causa del sistema empleado, no resolví enigma alguno.
Sin embargo, la investigación me dejó anotaciones acerca de la espectacularidad de las modernistas Casa Sayrach (imponente junto a Enric Granados), Can Serra, Casa Pérez Samanillo (hoy Círculo Ecuestre) y la Iglesia del Carmen, de estilo bizantino. Y también acerca de todo aquello que daba esplendor a la acera del lado montaña: la solera (que creía indestructible) de la mítica tienda de juguetes Tic-Tac, “el glamour no olvidado del desaparecido cine Windsor y el infinito prestigio de librerías como Áncora y Delfín y Cinc d’Oros”, el cine Diagonal, el hotel Balmoral, el bar Boliche, “tiendas de toda la vida como Furest o Gonzalo Comella, novedades del momento como Benetton y Zara, la iglesia del Carmen y el despacho de la agente Carmen Balcells”.
Hoy la Diagonal, si no la mira uno con demasiado detalle, es uno de los pocos lugares de mi nerviosa ciudad que parece o aparenta no haber cambiado demasiado desde cuando era yo joven. Pero, conservada o no, tiene ya la amenaza ahí, porque el Ayuntamiento planea remodelar la avenida y talar plataneros y palmeras. Así que recomiendo a los forasteros que vayan a ver cuanto antes ese avejentado y elegante tramo de la avenida, pues de él se podría decir lo mismo que de Belmonte cuando comenzó a torear: “Darse prisa a verlo porque el que no lo vea pronto, ya no lo verá”.
Jaime Gil de Biedma situaba el primer indicio de la modernidad en esa sensación extraña de haber sobrevivido a la ciudad de nuestra juventud. Recordé esto al descubrir que, incluso en ese tramo de la Diagonal que creía imperturbable, las transformaciones, aunque sutiles, habían ya tenido lugar. De hecho, bien mirado, apenas queda nada de lo que daba esplendor a la acera del lado montaña, mientras que del lado mar las cosas están peor que nunca, con esa interminable hilera gris de bancos quebrados.
Ayer vi que es verdad que todo aquello que al final, heroicamente o no, creemos haber conservado, también está tocado de muerte. Es el caso de la Diagonal, con su aire en realidad de involuntario museo urbano de lugares cerrados. Aun así recomiendo echarle una mirada a su ambigua elegancia, mirarla como si no pudiéramos ya nunca volver a ver a Belmonte.
La tienda de Benetton anuncia liquidación, Tic-Tac no existe y parece arrasado por los peores villanos, como tampoco están ya Balmoral, Boliche, Gonzalo Comella, Áncora y Delfín ni el cine Diagonal. Donde antes estaba la librería Cinc d’Oros, hay ahora un bar y las cervezas se hallan donde en otro tiempo estaba la nueva narrativa española.
En la avenida Diagonal, severo espectáculo de dignidad en la vejez, hay multitud de comercios en plena retirada y solo la terraza del bar José Luis y el eterno reloj de la Unión Suiza parecen querer acordarse de que un día, no sabemos cómo, alguien conoció aquí la euforia."