dimarts, 15 de gener de 2013

Mi ciudad, Edimburgo





Edimburgo es una de esas capitales antiguas de Europa que por su peso histórico se mantienen como tales pero sin una influencia económica tan destacada hoy en día en el país. Se trata de una ciudad atrapada en el tiempo, donde la vida de sus ciudadanos se ha adaptado al escenario congelado de otra época, manteniendo prácticamente intacta la estructura de sus calles, las esquinas, los espacios públicos... como si de objetos de museo se tratara. Esto es aprovechado por sus ciudadanos ya que hacen del turismo la principal fuente de ingresos de la ciudad. Especialmente en la época del festival de artes escénicas, en Agosto, la calle principal (High Street) se convierte literalmente en escenario improvisado por los artistas participantes para promocionar sus actuaciones.

En el plano se sintetizan los barrios más característicos del centro de la ciudad. En primer lugar, el Old Town que apareció como asentamiento a partir del camino por donde se accedía al castillo, fortaleza en la que comerciantes ambulantes se protegían al paso por la ciudad. Su masiva densificación con el paso de los años obligo a la creación de una ciudad de nueva planta paralela, el New Town. Ortogonal y racional, las calles lejos de ser fruto de la agregación imprevista de construcciones, formaban parte  de un único proyecto estratégico. Existe una dualidad muy contrastada entre el carácter de estos dos tejidos que evidencia las diferencias en su origen y su evolución.

Por otra parte es muy característico de este sistema de crecimiento, el aprovechamiento de las discontinuidades creadas en el tejido para liberar de presión a una densidad tan alta como la del casco viejo. Éste es el motivo de la aparición de dos parques encargados de la transición entre el casco antiguo y los nuevos crecimientos: Princess’ Gardens a norte (primera New Town); y el parque de Meadows a sur (barrio de Marchmont).